sábado, 15 de marzo de 2025

VENECIUELA

 


Veneciuela

Origen del Nombre de Venezuela

       Isla de Toas fue descubierta por Alonso de Ojeda días antes del 24 de agosto de 1499, cuando llegara al Lago de Maracaibo. Ojeda en su expedición siguió el derrotero de Colón en su tercer viaje, sirviéndose de una carta marítima que tenía trazada por aquél y así pasó por la Isla de Trinidad, el Golfo de Paria y la Isla de Margarita, pero luego, a diferencia de Colón, siguió las costas pasando por Cabo Codera, Chichiriviche y la Isla de Curazao, llegando al Cabo de San Román el 9 de agosto. 
  
                                      
                                                  Itinerario de navegación de Alonso de Ojeda

     Posteriormente entró en un golfo grande, que el geógrafo Martín Fernández Enciso, compañero de viajes de Ojeda, en su libro “Suma de Geografía”,   publicado en el año de 1519, describe de la siguiente manera: “ Desde el cabo de San Román al cabo de Coquibacoa hay tres isleos en triangulo, entre estos dos cabos se hace un golfo de mar de figura cuadrada y al cabo de Coquibacoa entra desde este golfo otro golfo pequeño en la tierra cuatro leguas y al final de él cerca de la tierra esta una peña grande que es llana encima de ella. Y encima de ella esta un lugar o casas de indios que se llama Veneciuela. Está a X grados. Entre este golfo de Veneciuela y el cabo de Coquibacoa hace una vuelta el agua dentro de la tierra a la parte oeste. Y en esta vuelta esta Coquibacoa, aqui se ha hallado peso y toque para el oro... ”. Señala luego: “En todas las Indias del poniente no se ha hallado peso sino aqui, en el lugar de Coquibacoa que es grande y bueno y de buena gente pacífica. En Veneciuela es la gente bien dispuesta y hay más gentiles mujeres que no en otras de las de aquellas tierras. hay perlas buenas y crecidas aunque no hay tantas como en la Margarita...".

        Si analizamos lo escrito por Fernández Enciso teniendo en cuenta los conocimientos geográficos e históricos de esta región podemos deducir que los tres isleos nombrados corresponden a los islotes de Los Monjes; el golfo de figura cuadrada es el Golfo de Venezuela que posee esta configuración; el golfo pequeño que entra en la tierra cuatro leguas se corresponde con la Bahía El Tablazo que tiene aproximadamente esas dimensiones en sentido norte-sur. La peña grande cerca de la tierra situada en ese pequeño golfo, corresponde a la única isla rocosa, que por su origen geológico existía y existe en la zona, donde por los efectos de la erosión del granito originario existe una zona llana o plana y estando cerca de las playas del Municipio Mara indiscutiblemente es ISLA DE TOAS.

                                                    Mapa actual sin San Carlos y Zapara
                                                     Comparar con el relato de F. Enciso

       Las otras islas (San Carlos y Zapara) no son mencionadas por que no existían como tales para esa época, apenas si comenzarían a insinuarse en los extremos del pequeño golfo. Existe la referencia de que en el mapa publicado en 1526 por el cosmógrafo Alonso Chaves , la única isla que aparece a la entrada del lago es Toas; además para 1579 en la descripción de la Laguna de Maracaibo, que hacen los alcaldes Rodrigo de Argüelles y Gaspar de Párraga se señala: “ A la boca de esta laguna hay una isla que parte la laguna en dos bocas, que de una banda bate la laguna en ella y en la otra la mar salada, esta isla se llama Tua , no se alcanza porque es una isla alta...”.

       Luego señala Enciso, entre este golfo de Veneciuela, como nombra él al pequeño golfo, y el cabo de Coquibacoa hace una vuelta el agua dentro de la tierra a la parte oeste y en esta vuelta está Coquibacoa. Nótese que hace una clara diferenciación entre “Cabo de Coquibacoa” y “Coquibacoa”. Parece que consideraba Cabo de Coquibacoa (*) a toda las tierras situada al oeste del golfo y simplemente Coquibacoa al lugar situado en la vuelta de las aguas y donde dice encontraron peso y toque para el oro y que el lugar era grande y bueno y de buena gente pacífica. Esto coincide con el hecho de que después de la bahía El Tablazo, la garganta o estrecho del Lago describe una curva hacia el oeste y allí, en ese recodo, es donde está la ciudad de Maracaibo y parece que en esa época dió asiento a un poblado indígena llamado Coquibacoa. La curvatura de es recodo era mucho más acentuada para esos momentos en que llegó Ojeda, debido a la presencia de la desembocadura de un río o caño al sur del poblado (**) . Esto se puede observar en el mapa de cuando el francés Exquemelin estuvo en la zona en 1666, si bién para ese entonces ya las islas San Carlos y Zapara habian emergido. El Lago fue llamado por Ojeda, Laguna de San Bartolomé, por ser el santo del dia 24 de agosto y luego, más adelante, se le llamó Laguna de Maracaibo.

  Tomado de la traducción holandesa de The buccaneers of America 1678- Exquemelin

       Todo lo anterior nos indica que el nombre de Venezuela proviene de Veneciuela, que era el lugar donde estaba la gran peña con las casas de los indígenas y dado que la única parte rocosa en la entrada del Lago es Isla de Toas podemos afirmar que el nombre de nuestra patria se originó de ella. También debemos resaltar que del día 9 de Agosto en que Ojeda llegó al Cabo San Román hasta el 24 del mismo mes, cuando descubre el Lago de Maracaibo transcurrieron 15 días, mientras que para llegar luego a la Española el 5 de Septiembre, siendo una distancia tres veces y media mayor, solo tardo 12 días y si tenemos en cuenta que en la descripción se refiere que en Veneciuela era la gente bien dispuesta, había más gentiles mujeres que en otras partes de aquellas tierras y se encontraban perlas, debemos deducir que se detuvieron unos días en ese sitio llamado Veneciuela y que estaba antes del otro llamado Coquibacoa.

       En publicaciones hechas con motivo de los 500 años del descubrimientos del Lago de Maracaibo se dice que Fernández Enciso menciono una “peña grande” porque suponía que las estacas de los palafitos se sostenían en una roca plana y no sobre el lodo y las arenas del fondo del agua. Esta versión es completamente ilógica ya que el geógrafo, tan preciso en su narración, no describiría algo que solo estaba imaginando, además seguramente tenía conocimiento de como se construían estos tipos de viviendas, que no eran nada nuevas, porque el hombre desde el Neolítico, cuando dejó las cavernas, una de sus primeras viviendas fueron los palafitos, los cuales se hicieron comunes en Europa, especialmente a orillas de los lagos alpinos de Suiza y Francia.

                                                                      Palafitos

    Por otra parte la palabra peña grande o peñón es utilizada frecuentemente por los españoles para nombrar cerros de cierta magnitud, como por ejemplo el Peñón de Ifach, el Peñón de Vélez de Gomera, el Peñón de Alhucenas y el Peñón de Gibraltar, este ultimo situado en el sur de la península Ibérica. Indudablemente muchos de estos peñones o peñas grandes eran conocidas por Enciso, de allí el uso de ese término

Peñón de Gibraltar                                                            Isla de Toas






       La versión difundida de que el nombre de Venezuela fue dado por Vespucio, por recordarle a Venecia, es negada por algunos estudiosos de la historia que citan que la palabra Veneciuela era la utilizada por los indígenas para distinguir el poblado de palafitos.

       Al respecto podemos señalar lo poco confiables que son los escritos de Vespucio, porque él a través de sus cartas, dirigidas a personas influyentes de la época, es evidente que solo trataba de ganar glorias inmerecidas. Quien haya leído las cartas de Vespucio puede darse cuenta de lo fantasiosas y extravagantes que estas eran y que solo tenían por objetivo ganarse la atención de los europeos de la época. “Se atribuía las hazañas de los demás. Hablaba como si hubiese ido de capitán de viajes donde solo figuró como aprendiz de piloto”. Si bien, la descripción de Fernández Enciso no descarta la posibilidad de la derivación veneciana, es innegable que establece el sitio exacto donde estaba el poblado indígena que originó el nombre. 

       Notas del autor:
      (*) Fernández Enciso en su descripción de las costas venezolanas en ningún momento utiliza la palabra península pero si el término cabo, por lo que creemos que al hablar del Cabo San Román se estaba refiriendo a toda la Peninsula de Paraguaná y al nombrar al cabo de Coquibacoa hacia referencia a la Peninsula de La Goagira. Ojeda inclusive llegó a creer que ésta última era una isla, pero al percatarse Enciso que esto no era así, utilizó el término cabo para nombrar toda esa gran porción de tierra situada al oeste del Golfo de Venezuela.

      (**) La desembocadura de este río fue llamada Caño Manglar. Actualmente en lo que fuera el trayecto del río queda la conocida Cañada Morillo de Maracaibo.

     Nota de Rafael Ledezma:
       (#)  La historia de Veneciuela y Coquivacoa está en la pagina 144 del libro de Fernández de Enciso.

Jorge R. Hernández

miércoles, 9 de octubre de 2024

Cartas de Simón Bolívar a Mr. John Baptiste Irvine en 1818

Este es una síntesis de la relación epistolar entre Bolívar e Irvine, siendo las más relevantes las de el 7 y 12 de octubre de 1818. Angostura, 7 de octubre de 1818. Al señor B. Irvine, Agente de los Estados Unidos de la América del Norte, cerca de Venezuela. Señor Agente: Tengo el honor de acusar a V.S. la recepción de su nota de 1° del corriente, en que se despide V.S. de la conferencia sobre las capturas que V.S. insiste en llamar ilegales. Después de ha­ber recibido V.S. una respuesta conclusiva y final y {cuando ya no existen las ilusorias esperanzas de compensación ni persuasión} parecería excusado {el poco provechoso y superfino empe­ño de refutar mis asunciones y errores}. Si en efecto juzgaba V.S. de este modo cuando escribía su nota, habría sido mejor que se hubiese ahorrado la pena de responder mis argumentos, reincidiendo en las mismas faltas, que procuró corregir, de sus comunicaciones de 6, 10 y 15 del pasado.

Si los testimonios que V.S. tiene en su poder, siete meses ha, son los que ha extractado en el párrafo 2° de su nota, no sé de donde deduzca V.S. que el 3er. párrafo de mi anterior los con­firma. Jamás pude decir que la {Libertad} fue escoltada por nuestras flecheras, ni que la casualidad de haberse varado fue­se la causa de haberse separado de ellas. Seguramente V.S. ha­brá leído muy precipitadamente el párrafo en cuestión, o no lo ha entendido. Pero aun cuando fuese efectiva la escolta o guardia que V.S. quiere suponer, esto no significaría sino que nuestras flecheras temían que la {Libertad} procediese de tan mala fe como su conducta posterior demostró. Además de esta observación me permitirá V.S. que añade que nuestra Escua­dra tenía un verdadero interés en no abandonar la {Libertad} mientras no estuviese segura de que no emprendería entrar a las plazas bloqueadas. La orden que se le dio, para que habla­se con el Almirante, fue con el objeto de que él la examinase, y no para despojarla del cargamento como tan gratuitamente se ha querido suponer.

Es bien extraño que remita V.S. la fuerza de mis argumen­tos sobre retaliación a la opinión de cualquier autor que yo pueda citar. La razón y la justicia no necesitan de otros apo­yos que de sí mismas para presentarse: los autores no les dan ninguna fuerza. En toda mi correspondencia he evitado las citas, porque sólo sirven para hacerla pesada y enfadosa, y por­que he notado que las pocas que he hecho, instado por el ejem­plo de V.S., han merecido su desprecio.

Desearía saber el nombre del {Comandante de la partida de Caballería llanera nadadora} que instruyó V.S. del {apresamien­to del bergantín favorecida por el viento y las corrientes}. V.S. {reitera este singular pero ilustrativo incidente} con tal firmeza y seguridad que me inclino a creer sea este algún suceso (que no haya llegado hasta ahora a mi noticia) diferente del que expuse a V.S. en mi anterior. Es muy difícil que así sea; pero tampoco puedo persuadirme que haya habido quien se divierta engañando a V.S. con cuentos. V.S. me obligaría muy particu­larmente citándome el autor de éste.

Hasta aquí he podido contestar la nota de V.S. en cuestión; pero al llegar al párrafo ""Pleasant enough in all consciencie!"" debo suspender la pluma como he suspendido mi juicio para que no degenere en farsa nuestra correspondencia. No me atre­vo a creer que sea el objeto de V.S. convertir en ridículo una conferencia seria por sí misma, y por las personas que la tra­tan, ni puedo persuadirme que ignore V.S. el paso estrecho y peligroso del Orinoco entre dos peñas, que forman la{ boca}, lla­mada del {Infierno} única causa de equivocación que encuentro en el párrafo de mi nota transcrito por V.S. en la suya. El pro­verbio jocoso de la {Caballería nadadora}, si es que lo ha sido de­be aludir a las brillantes y gloriosas jornadas en que pequeños cuerpos patriotas de esta arma han atravesado a nado los cau­dalosos ríos Caura, Caroní y Apure, desalojando y batiendo las tropas españolas que se les oponían y abordando buques de guerra. El amor a la patria, y a la gloria solos han dirigido estas empresas, que, lejos de ser risibles, merecen la admiración y aplausos de los que tienen una Patria y aman su libertad. Repito a V.S. lo que he dicho arriba suplicándole que relea con más atención mi oficio del 29. Es preciso querer trastornar su sentido e invertir sus frases para atribuirse V.S. lo que yo de­cía de las noticias que he recibido, privadamente, de fuentes que, a la verdad o están mal instruidas, sino viciadas.

Quisiera terminar esta nota desentendiéndome del penúltimo párrafo de la de V.S. porque siendo en extremo chocante e injurioso al gobierno de Venezuela, sería preciso para contes­tarlo usar del mismo lenguaje de V.S. tan contrario a la modestia y decoro con que por mi parte he conducido la cuestión El pertinaz empeño y acaloramiento de V.S. en sostener lo que no es defensible sino atacando nuestros derechos, me hace extender la vista más allá del objeto a que la ceñía nuestra conferencia. Parece que el intento de V.S. es forzarme a que reciproque los insultos: no lo haré; pero sí protesto a V.S. que no permitiré que se ultraje ni desprecie al Gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra populación y el resto que queda ansia por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende.

Concluyo celebrando con V.S. la despedida del asunto, que doy por terminado, y renovándole los testimonios de aprecio y consideración con que tengo el honor de ser de V.S. el más atento adicto servidor.

BOLÍVAR.

domingo, 22 de septiembre de 2024

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domingo, 18 de diciembre de 2022

EVANGELIOS GNÓSTICOS

    Recuerdo haber escuchado hace algunos años acerca del Evangelio Según Judas y cómo este era un “evangelio gnóstico”. ¿Qué significa esto exactamente y por qué no aparece en la Biblia?

    Esta es una gran pregunta que además se vuelve cada vez más relevante debido al reciente interés de los medios de comunicación en las figuras del Nuevo Testamento. Este interés ha llevado a la producción de varios programas de televisión. Es importante que los cristianos sepan qué es correcto en dichos programas y qué es incorrecto. Algunos de estos programas se refieren a los evangelios gnósticos con el afán de trastocar la auténtica fe cristiana.

    Cuando se habla de los evangelios gnósticos, casi siempre se hace referencia a una colección de manuscritos antiguos (en copto) que se descubrieron en 1945 cerca de la aldea de Nag Hammadi, en la parte alta del Nilo en Egipto. Estos manuscritos, datados por los especialistas en el siglo cuarto, fueron escondidos con el fin de preservarlos de la destrucción tras un decreto de Sn. Atanasio que prohibía el uso de escritos heréticos. Se ha publicado una traducción al inglés de estos documentos que puede encontrarse en internet con facilidad.

    Algunos de estos escritos llevan el título “evangelio” junto con los nombres de personas importantes del Nuevo Testamento. Por ejemplo, la biblioteca de Nag Hammadi contenía escritos identificados como el Evangelio según Pedro, el Evangelio según Tomás, el Evangelio según Felipe y el Evangelio de la Verdad, entre otros. Otros escritos gnósticos fueron también descubiertos en tiempos recientes, incluyendo el Evangelio según Judas.

    Sin embargo, a pesar de que estos escritos lleven el nombre “evangelio”, debe tenerse sumo cuidado al distinguirlos de los cuatro evangelios auténticos del Nuevo Testamento: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

    Con el fin de comprender quién escribió los evangelios gnósticos y por qué fueron prohibidos, debemos recordar que los primeros cristianos tuvieron que enfrentarse a varios movimientos que enseñaban falsas creencias acerca de Jesús. En el siglo I, los grandes desafíos de la fe auténtica provenían de grupos como los docetas (quienes creían que Jesús no tenía un cuerpo material de carne y hueso) y los adopcionistas (que pensaban que Jesús fue “adoptado” por Dios Padre en algún momento de su vida y le concedió poderes divinos solo por un tiempo), entre otros. En el siglo II surgió un grupo de personas conocidos como gnósticos.

    Los gnósticos creían que el cuerpo material en realidad atrapaba una “chispa divina” dentro y que solo podía liberarse mediante un conocimiento especial (incluso secreto), o gnosis en griego. Los gnósticos compusieron escritos en el siglo II afirmando que habían recibido este conocimiento especial de personas que conocieron directamente a Jesús. Intentaron hacer legítimos y dar validez a sus escritos dándoles el nombre “evangelio” y atribuyéndolos a uno de los Doce Apóstoles.

    En tanto que los evangelios gnósticos pudieron haber usado algún contenido de los evangelios canónicos según Mateo, Marcos, Lucas o Juan, también modificaron este contenido de forma que distorsionó el mensaje cristiano y hasta contradijo la verdadera enseñanza apostólica.

    Aquellos que sostenían con firmeza la fe auténtica transmitida por los Apóstoles comenzaron a identificarse a sí mismos como “católicos” y se distinguieron claramente de los gnósticos y de otros grupos similares. Vemos esta separación intencional basada en la fe correcta teniendo lugar apenas en el año 107 en la Carta a la Iglesia en Esmirna de Sn. Ignacio de Antioquía: “Donde sea que deba aparecer el obispo, que también esté presente una multitud; así como donde sea que esté Jesucristo, está la Iglesia Católica”.

    Con el fin de proteger a los cristianos de ser llevados a la deriva por estas enseñanzas erróneas de los gnósticos y de otros, la Iglesia Católica en Roma publicó una lista de escritos aprobados apenas en los finales del siglo II (año 170 aprox.) llamado el Canon de Muratori. Esta lista fue entonces circulada en el mundo cristiano naciente para prevenir cualquier otra confusión causada por la influencia gnóstica. El Concilio de Nicea definió entonces formalmente la lista de escritos que deben ser considerados parte del Nuevo Testamento en el año 325. Desde entonces, los evangelios gnósticos y otros escritos gnósticos han sido rechazados por todos los cristianos.

Noroeste Católico – septiembre 2017

jueves, 13 de octubre de 2022

ASÍ SURGIÓ LOS APELLIDOS

 ASÍ SURGIÓ LOS APELLIDOS

    En la antigüedad, no existían los apellidos. Tomemos la Biblia, por ejemplo: A los personajes del Antiguo y Nuevo Testamento se les conocía por su nombre: Abraham, Moisés, Pedro, Juan, Mateo, Jesús, María y José. No había tal cosa como Abraham Pérez, Mateo Delgado o José García. (Cuidado: Iscariote no era el apellido del traidor Judas, ni Tadeo el del santo; eran sobrenombres, apodos).

     Con el tiempo, las comunidades se poblaban cada vez más y más, y de momento surgían las dudas:

 —Llévale este mensaje a Juan.

—¿Cuál Juan? —preguntaba el mensajero.

—Pues Juan, el "del valle" —explicaba para distinguirlo del otro Juan, el "del monte".

     En este caso, los apellidos del Valle’ y del Monte, tan comunes hoy en día, surgieron como resultado del lugar donde vivían estas personas. Estos se llaman "apellidos topónimos", porque la toponimia estudia la procedencia de los nombres propios de un lugar. En esa misma categoría están los apellidos Arroyo, Canales, Costa, Cuevas, Peña, Prado, Rivera (que hacen referencia a algún accidente geográfico) y Ávila, Burgos, Logroño, Madrid, Toledo (que provienen de una ciudad en España).

    Otros apellidos se originan de alguna peculiaridad arquitectónica con la que se relacionaba una persona. Si tu antepasado vivía cerca de varias torres, o a pasos de unas fuentes, o detrás de una iglesia, o al cruzar un puente, o era dueño de varios palacios, pues ahora entiendes el porqué de los apellidos Torres, Fuentes, Iglesias, Puente y Palacios.

    Es posible que hayas tenido algún ancestro que tuviese algo que ver con la flora y la fauna. Quizás criaba corderos, cosechaba manzanas o tenía una finca de ganado. De ahí los apellidos Cordero, Manzanero y Toro.

    Los oficios o profesiones del pasado también han producido muchos de los apellidos de hoy en día. ¿Conoces a algún Labrador, Pastor, Monje, Herrero, Criado o Vaquero? Pues ya sabes a qué se dedicaban sus antepasados durante la Edad Media.

     Otra manera de crear apellidos era a base de alguna característica física, o un rasgo de su personalidad o de un estado civil. Si no era casado, entonces era Soltero; si no era gordo, era Delgado; si no tenía cabello, era Calvo; si su pelo no era castaño, era Rubio; si no era blanco, era Moreno; si tenía buen sentido del humor, era Alegria; si era educado, era Cortés.

     Quizás la procedencia más curiosa es la de los apellidos que terminan en -ez, como Rodríguez, Martínez, Jiménez, González, entre otros muchos que abundan entre nosotros los hispanos.

     El origen es muy sencillo: -ez significa "hijo de". Por lo tanto, si tu apellido es González es porque tuviste algún antepasado que era hijo de un Gonzalo. De la misma manera, Rodríguez era hijo de Rodrigo, Martínez de Martín, Jiménez de Jimeno, Sánchez de Sancho, Álvarez de Álvaro, Benítez de Benito, Domínguez de Domingo, Hernández de Hernando, López de Lope, Ramírez de Ramiro, Velázquez de Velasco, y así por el estilo.

     Así mismo ocurre en otros idiomas: Johnson es hijo de John en inglés (John-son); MacArthur es hijo de Arthur en escocés; Martini es hijo de Martín en italiano.

     Es así como, poco a poco, durante la Edad Media, comienzan a surgir los apellidos. La finalidad era, pues, diferenciar una persona de la otra. Con el tiempo, estos apellidos tomaron un carácter hereditario y pasaron de generación en generación con el propósito de identificar no sólo personas, sino familias.

 

Autor: Fernando Trejo Luna