jueves, 26 de noviembre de 2020

27 DE NOVIEMBRE HISTÓRICO

 

27 DE NOVIEMBRE HISTÓRICO

    Venezuela está destinada por la providencia para darle luces a la humanidad, es por ello que resulta pertinente traer a colación lo dicho por el Libertador el 15 de febrero de 1819 en su discurso ante el Congreso de Angostura: Dignaos conceder a Venezuela… Un gobierno que haga reinar la inocencia, la humanidad y la paz.

Estas palabras lapidarias están más vigentes que nunca, al igual que esto, que para mí es una profecía: Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado, y que nuestra Patria reúne con prolongados y anchurosos canales. Ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio a la familia humana; ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro; ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres dolientes del antiguo universo; ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces a la suma de las riquezas que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el trono de la libertad, empuñando el cetro de la justicia, coronada por la gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno.

Si analizamos estas sentencias dichas por el hombre más relevante de la independencia suramericana, y lo comparamos con los hechos ocurridos el 25, 26 y 27 de noviembre de 1820, notaremos como esos acontecimientos marcaron un antes y un después en lo que respecta al Derecho Internacional Humanitario y a lo que hoy se conoce como Convenciones de Ginebra, que son cuatros tratados, uno para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña (Primera Convención -1864-); otro para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos, enfermos o náufragos en las fuerzas armadas en el mar (Segunda Convención -1906-); otro relativo al trato de los prisioneros de guerra (Tercera Convención -1929-), y; otro para la Protección de Personas Civiles en Tiempo de Guerra (Cuarta Convención -1949-).

El Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra fueron dos acuerdos firmados entre la Gran Colombia y el Reino de España el 25 y el 26 de noviembre de 1820, respectivamente, en Trujillo, Venezuela. Mediante estos tratados quedaba oficialmente derogada la guerra a muerte, que había sido decretada por el Libertador, el 15 de junio de 1813, aunque la declaración viene desde el 16 de enero por el Convenio de Cartagena hecho por el coronel barinés, Antonio Nicolás Briceño, que por cierto fue apresado por los realistas y ejecutado el día 15 de junio de 1813, el mismo día que Bolívar firma el decreto.  Allí se acordaba una tregua de seis meses además de constituir, de facto, un reconocimiento del estado colombiano.

El armisticio es propuesto por los realistas a través del capitán general Pablo Morillo, quien el 6 de junio de 1820 recibe instrucciones desde España para que arbitre con Simón Bolívar un cese a las hostilidades. Bolívar, intuyendo de antemano esa proposición, aprovecha para convenir una “humanización de la guerra como lo hacen los pueblos civilizados", acordando el respeto a los no combatientes, el canje de prisioneros y a acabar definitivamente con las viejas prácticas de la guerra a muerte, para redactarla encarga a Antonio José de Sucre.

Bolívar y Morillo se entrevistaron el 27 de noviembre celebrándose el célebre abrazo de Santa Ana de Trujillo. Ese mismo día fueron firmados ambos acuerdos por los dos jefes.

El 27 de noviembre es un día trascendental para nuestra patria por varios acontecimientos históricos: el primero (1515), fundación de Cumaná; en segundo lugar, se firma el Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, y el abrazo de Bolívar y Morillo (1820); en tercer lugar, se celebra el día de la Aviación Militar Bolivariana (1920); cuarto, se conmemora la gesta revolucionaria de 1992 y; quinto, en 1933, en Maracay, fallece el piloto venezolano Carlos Meyer Baldó en un accidente aéreo.

martes, 13 de octubre de 2020

Mi Delirio sobre el Chimborazo

ENSAYO SOBRE LA AUTENTICIDAD Y EL VALOR DE MI DELIRIO SOBRE EL CHIMBORAZO

     
Historiador: Frank David Bedoya Muñoz, 2019

    Simón Bolívar fue un guerrero, un estratega, un creador de naciones, un espíritu libre, un Libertador, y además de todo esto, fue un muy buen escritor. Creó más de 3.500 documentos entre cartas, discursos, proclamas y decretos. Toda su obra escrita se caracteriza por una gran lucidez y una asombrosa contundencia, su Manifiesto de Cartagena, su Carta de Jamaica y su Discurso de Angostura, son la mejor muestra de ello. Pero además existe un escrito singular, tanto por su estilo como por su contenido, que ha causado gran controversia, en tanto que algunos, se han negado a creer que haya sido escrito por Bolívar, ese es Mi Delirio sobre el Chimborazo.

    La primera copia conocida del documento está fechada el 13 de octubre de 1822, Vicente Lecuna, quien fuera el principal investigador y editor de los documentos de Simón Bolívar, expresó que dicha copia la conservaron los descendientes del Coronel Vicente Aguirre en Quito. El escrito además fue publicado por primera vez en 1833, tres años después de la muerte de Simón Bolívar, en la Colección de documentos relativos a la Vida Pública del Libertador de Francisco Javier Yañes y Cristóbal Mendoza. A pesar de que existe una copia y una publicación de la época, el original no se ha encontrado.

    ¿Qué dicen los principales biógrafos de Simón Bolívar sobre la autenticidad de este documento?

    El historiador alemán Gerhard Masur, en su biografía Simón Bolívar, asume la posición más escéptica: “El contraste entre los picos de los Andes, con sus crestas de nieves eternas, y la lozanía de la naturaleza tropical inspiró a Bolívar. Empero la leyenda de que ascendió al Chimborazo en un día no se funda en la realidad. Para realizar semejante hazaña habría tenido que ser un semidiós. Bolívar no estuvo jamás en el Chimborazo, y el himno cuya composición se le atribuye es una falsificación, además mala”. (Gerhard Masur, Simón Bolívar, 1984).

    El historiador venezolano Augusto Mijares, en su biografía El Libertador, asume una posición cautelosa: “Durante uno de estos viajes parece que subió al Chimborazo y que poco después de esa excursión escribió la fantasía poética titulada Mi Delirio sobre el Chimborazo. […] No se ha encontrado el original; y las copias más antiguas, fechadas en Loja el 13 de octubre de 1822, no permiten asegurar la autenticidad del texto. Críticos muy autorizados consideran que el Delirio fue escrito sin duda alguna, por Bolívar; aunque Lecuna supone que el Libertador no subió en realidad al Chimborazo, mientras que Grisanti no sólo da como verdadera aquella excursión, sino que aduce numerosos pormenores relativos a ella. Otros autores, por el contrario, consideran el Delirio como una falsificación, que se hizo imitando con escasa felicidad el estilo bolivariano”. (Augusto Mijares, El Libertador, 1987).

    Los historiadores norteamericanos, Waldo Frank en su biografía Simón Bolívar Nacimiento de un mundo, David Bushnell en su biografía Simón Bolívar Hombre de caracas proyecto de América, y el historiador español Mario Hernández Sánchez-Barba en su biografía Simón Bolívar Una pasión política, no hacen ninguna mención del Delirio sobre el Chimborazo.

    Por otra parte, la historiadora francesa Gilette Saurat en su biografía Bolívar El Libertador, afirma la autenticidad del escrito y además cita apartes de él: “De esa época data verosímilmente esa página asombrosa escrita al regreso de una excursión al más majestuoso de los volcanes ecuatorianos, conocido bajo el título de «Mi Delirio sobre el Chimborazo»: «Yo venía…” (Gilette Saurat, Bolívar El Libertador, Editorial Oveja Negra, 1987).

    Y finalmente el historiador británico John Lynch, en su biografía Simón Bolívar expresó: “Siguiendo los pasos de La Condamine y Humboldt, Bolívar subió a la montaña de 6.267 metros, donde experimentó un extraña transformación de carácter espiritual: de pie en lo alto del mundo, vio una aparición que le enseñó la historia del pasado y los pensamientos del destino. Poseído por el dios de Colombia, el Libertador estuvo sumido en este delirio, hasta que la poderosa voz de Colombia lo despertó. Luego, en un estado de hiperconciencia, describió la experiencia en Mi Delirio sobre el Chimborazo, un documento en apariencia tardío y publicado póstumamente. ¿Es cierta esta historia? ¿Es el texto un relato auténtico de un hecho real? ¿O se trata en cambio de un ejercicio de ficción literaria realizada por el mismo Bolívar? ¿O de una metáfora sobre la transfiguración del nuevo salvador sobre una montaña americana, inventada por un devoto temprano del culto de Bolívar? La mayoría de los estudiosos bolivarianos consideran la composición auténtica. Para algunos es una revelación del verdadero Bolívar. Con todo, el escrito continúa siendo un misterio, y la ausencia de testimonios que corroboren su autenticidad y de referencias contemporáneas invita a adoptar una posición agnóstica al respecto”. (John Lynch, Simón Bolívar, 2006).

    Como se puede apreciar, los principales biógrafos de Bolívar, en términos generales, mantienen una posición escéptica sobre el asunto, y esto es comprensible, dado que el rigor del método histórico, obliga, frente a la usencia del documento original, mantener una postura cautelosa. Por otra parte, saber si Bolívar ascendió o no a la cima del Chimborazo, no es lo importante. Se sabe con toda certeza que Bolívar estuvo en el año de 1822 muy cerca al volcán, no es raro pensar, que un hombre acostumbrado a los más inclementes viajes, en caballos y en mulas, en distancias sorprendentes, que a cualquier hombre, de la época o de hoy, asombraría; viajes por todo un continente de selvas, llanos, altas montañas, pantanos, climas diversos y extremos, en fin… Todo ello, nos da a entender, que no es raro, que Bolívar, haya hecho una excursión al Chimborazo; ¿qué tanto haya ascendido? eso sí, nos quedamos sin saberlo. Pero, como decía antes, esta cuestión se vuelve trivial, lo importante es, valorar y discernir sobre la autenticidad del escrito Mi Delirio sobre el Chimborazo.

    Hoy en este ensayo, a partir de un nuevo elemento que me parece un indicio clave para decidir sobre la autenticidad de este escrito, sustentaré la siguiente tesis: Mi Delirio sobre el Chimborazo es un escrito auténtico del Libertador Simón Bolívar.

    Antes de argüir esto, observemos pues, el texto completo en cuestión.

Mi delirio sobre el Chimborazo / Simón Bolívar

    (Agregaré entre paréntesis algunas notas)

    (El Chimborazo es un volcán inactivo del Ecuador. Con 6.267 m, es el volcán más alto del Ecuador, pero también es el más alejado del centro del planeta).

    “Yo venía envuelto con el manto de Iris (en la mitología griega Iris es la personificación del arco iris), desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco (el río Orinoco es uno de los ríos más largos de Suramérica, que atraviesa gran parte de Venezuela y Colombia) al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo. Busqué las huellas de La Condamine (en el año 1736, para una misión francesa en el Ecuador, La Condamine, midió el arco de un meridiano e hizo la ascensión al Chimborazo) y de Humboldt, (En 1802 el barón Alexander von Humboldt, acompañado de Aimé Bonpland y del ecuatoriano Carlos Montúfar trataron de subir hasta la cumbre, pero desistieron a los 5.875 metros) seguilas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento.

    Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que pusieron las manos de la Eternidad sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes. Yo me dije: este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales, ha surcado los ríos y los mares, ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad.

    Belona ha sido humillada por el resplandor de Iris, (Belona en la mitología romana es la diosa de la guerra) ¿y no podré yo trepar sobre los cabellos canosos del gigante de la tierra? ¡Sí podré! Y arrebatado por la violencia de un espíritu desconocido para mí, que me parecía divino, dejé atrás las huellas de Humboldt, empañando los cristales eternos que circuyen el Chimborazo.

    Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento: tenía a mis pies los umbrales del abismo.

    Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.

    De repente se me presenta el Tiempo bajo el semblante venerable de un viejo cargado con los despojos de las edades: ceñudo, inclinado, calvo, rizada la tez, una hoz en la mano…

    «Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la Muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo presente.

    ¿Por qué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees que es algo tu Universo? ¿Que levantaros sobre un átomo de la creación, es elevaros? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos? ¿Imagináis que habéis visto la Santa Verdad? ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos? Todo es menos que un punto a la presencia del Infinito que es mi hermano».

    Sobrecogido de un terror sagrado, « ¿Cómo, ¡oh Tiempo! —respondí— no ha de desvanecerse el mísero mortal que ha subido tan alto? He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos.

    Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno con mis manos; siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino».

    «Observa —me dijo—, aprende, conserva en tu mente lo que has visto, dibuja a los ojos de tus semejantes el cuadro del Universo físico, del Universo moral; no escondas los secretos que el cielo te ha revelado: di la verdad a los hombres».

    La fantasma desapareció.

    Absorto, yerto, por decirlo así, quedé exánime largo tiempo, tendido sobre aquel inmenso diamante que me servía de lecho. En fin, la tremenda voz de Colombia me grita; resucito, me incorporo, abro con mis propias manos los pesados párpados: vuelvo a ser hombre, y escribo mi delirio”. (Simón Bolívar, Obras Completas, FICA, 2008). 

     El nuevo elemento que me parece un indicio clave para afirmar que Mi Delirio sobre el Chimborazo es un escrito auténtico del Libertador Simón Bolívar, es el siguiente:

    No voy a presumir que haya descubierto nada nuevo, de hecho el nuevo elemento para confirmar la autenticidad de este escrito, es una muy reconocida carta de Bolívar. Lo que me sorprende es, que ninguno de los biógrafos de Bolívar e investigadores de sus documentos, hasta ahora, no hayan caído en la cuenta de lo que voy a señalar.

    Se trata de aquella carta que envió Simón Bolívar a su maestro Simón Rodríguez, desde Pativilca el 19 de enero de 1824, donde le decía: “¿Se acuerda Vd. cuando fuimos juntos al Monte Sacro en Roma a jurar sobre aquella tierra santa la libertad de la patria? […] Vd. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Vd. me señaló”.

    Pues bien, el indicio que me confirma la autenticidad de Mi Delirio sobre el Chimborazo, viene a continuación. En esta misma carta, un párrafo más adelante, Bolívar le dice a Simón Rodríguez:

    “Venga Vd. al Chimborazo; profane Vd. con su planta atrevida la escala de los titanes, la corona de la tierra, la almena inexpugnable del Universo nuevo. Desde tan alto tenderá Vd. la vista; y al observar el cielo y la tierra, admirando el pasmo de la creación terrena, podrá decir: dos eternidades me contemplan: la pasada y la que viene; y este trono de naturaleza, idéntico a su autor, será tan duradero, indestructible y eterno como el padre del Universo.” (Simón Bolívar, Obras Completas, FICA, 2008).

    Además de la alusión directa al Chimborazo, vemos, que en tan sólo un párrafo, Bolívar vuelve a utilizar algunos de los conceptos que utilizó en Mi Delirio sobre el Chimborazo, comparemos:


Carta a Simón Rodríguez (1824)
  1. “Profane Vd. con su planta atrevida la escala de los titanes.”
  2. “La corona de la tierra, la almena inexpugnable del Universo nuevo.” [Valga recordar que en el comienzo del siglo XIX se consideraba al Chimborazo como la más alta montaña del planeta.]
  3. “Desde tan alto tenderá Vd. la vista; y al observar el cielo y la tierra, admirando el pasmo de la creación terrena, podrá decir: dos eternidades me contemplan: la pasada y la que viene.”
  4. “Este trono de naturaleza, idéntico a su autor, será tan duradero, indestructible y eterno como el padre del Universo.”
Mi Delirio sobre el Chimborazo (1822)
  1. “Ninguna planta humana había hollado…”
  2. “La corona diamantina que pusieron las manos de la Eternidad sobre las sienes excelsas del dominador de los Andes.”
  3. “Llego como impulsado por el genio que me animaba, y desfallezco al tocar con mi cabeza la copa del firmamento: tenía a mis pies los umbrales del abismo.”
  4. “Quise subir al atalaya del Universo.”
    Mi Delirio sobre el Chimborazo es un escrito auténtico del Libertador Simón Bolívar.

    Además valoremos el texto.

    Cuando Bolívar escribió este sublime texto poético, había logrado crear un ejército glorioso, había creado una nueva inmensa nación llamada Colombia, estaba ganando la guerra a los españoles, y estaba a punto de expulsarlos definitivamente de Suramérica.

    Había libertado y unido países. Había recorrido en caballo más kilómetros, de lo que cualquier humano se pudiera imaginar. De tal manera que Mi Delirio sobre el Chimborazo no es sólo un poema, es la experiencia de la grandeza, la sensibilidad de la gloria alcanzada, el testimonio de la grandeza humana, pero a su vez, la modestia de un mortal frente al Universo y un tributo a la majestuosa naturaleza. Era nada más y nada menos que un dialogo con el Tiempo.

    ¿Acaso el siguiente párrafo no es el relato más fiel del periplo heroico de Bolívar?:

    “Este manto de Iris que me ha servido de estandarte, ha recorrido en mis manos sobre regiones infernales, ha surcado los ríos y los mares, ha subido sobre los hombros gigantescos de los Andes; la tierra se ha allanado a los pies de Colombia, y el tiempo no ha podido detener la marcha de la libertad.” 

    ¿Acaso el siguiente párrafo, -donde está hablando el Tiempo- no es la más bella y perfecta definición del tiempo que algún poeta haya podido crear?:

    “«Yo soy el padre de los siglos, soy el arcano de la fama y del secreto, mi madre fue la Eternidad; los límites de mi imperio los señala el Infinito; no hay sepulcro para mí, porque soy más poderoso que la Muerte; miro lo pasado, miro lo futuro, y por mis manos pasa lo presente».”

    ¿Acaso las siguientes cuestiones, que Bolívar pone en la voz del Tiempo, no son las más lúcidas preguntas, dirigidas al hombre?:

    “¿Por qué te envaneces, niño o viejo, hombre o héroe? ¿Crees que es algo tu Universo? ¿Que levantaros sobre un átomo de la creación, es elevaros? ¿Pensáis que los instantes que llamáis siglos pueden servir de medida a mis arcanos? ¿Imagináis que habéis visto la Santa Verdad? ¿Suponéis locamente que vuestras acciones tienen algún precio a mis ojos?”

    Además, sólo el Libertador Simón Bolívar, en un momento de profunda inspiración, podía afirmar estas palabras:

    “Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno con mis manos; siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos; estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la Historia de lo pasado y los pensamientos del Destino».

    Este escrito singular de Bolívar, tiene un parecido increíble con los discursos de la obra Así habló Zaratustra de Friedrich Nietzsche.

    Felizmente, después de haber escrito este ensayo, gracias al profesor Juan Guillermo Gómez García, conocí el extraordinario ensayo de Rafael Gutiérrez Girardot El Bolívar de García Márquez en El general en su laberinto y allí encontré una cita de Bolívar, (que no había encontrado en la edición de las obras completas de Lecuna) y que reafirma mi tesis.

    Dijo Bolívar:

    “Entonces escalaremos el Chimborazo y plantaremos en las cumbres nevadas el tricolor de la América grande, unida y libre por los siglos de los siglos”.

    Mi Delirio sobre el Chimborazo es una pieza fundacional de la poesía en nuestro continente, y bien puede ser, uno de los himnos fundadores de nuestros orígenes. En todo caso será siempre el más bello canto, al hombre más grande de Suramérica, -con la particularidad que fue hecho por él mismo-.

jueves, 5 de septiembre de 2019

MONROÍSMO VS BOLIVARIANÍSMO


MONROÍSMO VS BOLIVARIANÍSMO

"Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad". (Carta del Libertador Simón Bolívar al coronel Patricio Campbell. Guayaquil, 5 de agosto de 1829).

         El antagonismo doctrinario entre Estados Unidos de Norteamérica y Venezuela es histórico y será permanente, debido a que fueron concebidos desde sus respectivos orígenes. Por una parte, la fundación de Estados Unidos fue realizada por colonos británicos, en su mayoría protestantes presbiterianos (calvinistas) y otros anglicanos, ambos grupos disidentes de la iglesia católica, los primeros derivados de los postulados del teólogo suizo, Juan Calvino (1532-1533), el cual se basó en la teología protestante del sacerdote alemán Martin Lutero. Como es sabido, la reforma protestantes fue producto de la publicación de las 95 tesis de Martin Lutero en 1517. Luego, el rey Enrique VIII de Inglaterra, al ver que el Papa Clemente VII se negó a declarar la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena, separó su país de Roma, es decir del Papa, declarándose Único y Supremo Jefe de la Iglesia de Inglaterra, en el año 1534 (Anglicanismo).

De esto se desprende, que Estados Unidos de Norteamérica, se ha fundamentado en una teología distinta a la promulgada por la Iglesia Cristiana Primitiva, de hecho, luego de su fundación se creó una nueva iglesia denominada Iglesia Episcopal Americana, derivada de la Anglicana. Se puede decir que es el “tercer” cisma de la Iglesia Primitiva, ocurrida sobre la segunda (1534 en Inglaterra), luego de la primera que se hizo en el año 1054, donde Constantinopla se separó de Roma (cisma de Oriente y Occidente).

Por otra parte, Venezuela fue fundada sobre la base del Cristianismo Primitivo. Sus fundadores fueron católicos todos, el mismo Libertador hacía honor al fundamento más trascendental que producía y produce (aún hoy) división en el cristianismo: la Trinidad; su nombre completo es Simón José Antonio de la Santísima Trinidad. Ya con esto es evidente el antagonismo que existe. Porque en Venezuela se predica al Dios Todopoderoso (omnipotente, omnisciente y omnipresente) Jehová (padre), a Jesús (hijo) y al Espíritu Santo. Esta creencia afirma que Dios es un ser único que existe como tres personas distintas o hipóstasis: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Podemos afirmar, que en lo que respecta a la doctrina filosófica de la teología y la ontología, hay una contradicción absoluta entre los Estados Unidos de Norteamérica y la República Bolivariana de Venezuela.

A los verdaderos cristianos los mueve valores como la humildad, la fraternidad, la solidaridad, el altruismo, la caridad, la paz, la libertad y el amor al prójimo. No se puede llamar cristiano al que es soberbio, arrogante, altivo, supremacista, dominador, invasor, violador de derechos humanos, devastador del medio ambiente, guerrerista, fascista, racista, etc. Aquí se conjuga la paremia cristiana: "por sus frutos los conoceréis".

En ese sentido, los Estados Unidos de Norteamérica se han creído la ilusión de la doctrina del Destino Manifiesto, según la cual es una nación destinada, por la autoridad divina o de Dios a expandirse desde las costas del Atlántico hasta el Pacífico y de adquirir otros territorios. Esta idea es también usada para abrogarse ser los policías del mundo, ya que por su arrogancia e ínfulas de supremos, sólo ellos pueden salvar o cuidar al mundo.

Tradicionalmente se le ha atribuido a James Monroe (5° presidente de EE.UU, 1817-1825) una doctrina cuyo postulado es “América para los americanos”, la cual realmente, fue elaborada por John Quincy Adams (6° presidente de EE.UU, 1825-1829. Y Secretario de Estado en el gobierno de James Monroe). Esta doctrina fue dirigida por Monroe a los europeos, para que no invadieran ni tuvieran colonias en el continente americano.

El monroísmo no solamente ha sido ineficaz en “Nuestra América”, sino que ha sido perverso, cómplice y hostigante. Los Estados Unidos de Norteamérica han utilizado esa mal llamada doctrina (“América para los americanos”) de política exterior para sus propios, ambiciosos y mezquinos intereses; por ejemplo han permitido que aun existan colonias francesas, holandesas y británicas en América. Esa doctrina solo les ha servido para tratar de imponer su hegemonía sobre este continente y apropiarse por la fuerza de una gran extensión de territorio que pertenecía a Méjico, así como recursos naturales de todo el continente.

A partir de estos supuestos: el Destino Manifiesto y la doctrina Monroe, los Estados Unidos se anexan los territorios de Texas (1845), California (1848) e invaden México (1846), en lo que sería la guerra México-Estados Unidos. Como consecuencia, los Estados Unidos se apropian de Colorado, Arizona, Nuevo México, Nevada, Utah y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma, en total 2 millones 100 mil kilómetros cuadrados –el 55 % del territorio mexicano de entonces–, lo que se dio en llamar «la Cesión Mexicana». A cambio, los Estados Unidos se comprometieron a pagar 15 millones de dólares.

Realmente, esto demuestra el obsesionado complejo de ser un imperio que siempre ha puesto en evidencia los Estados Unidos de Norteamérica desde su fundación. Muchos de sus líderes así lo han manifestado, Thomas Jefferson (3° presidente de EE.UU, 1801-1809 y unos de los Padres Fundadores), decía: "América tiene un Hemisferio para sí misma", que tanto podría significar el continente americano como su propio país, o sea, un imperio gobernado por ellos.

Por todo eso, contendieron con la tesis libertaria, independentista y antiimperialista de nuestro Libertador Simón Bolívar. Él, a diferencias que ellos, pregonaba la unión de todas las naciones que libertó en una confederación de naciones donde debía prevalecer el bien común, basado en un gobierno que garantice la mayor suma de estabilidad política, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de felicidad posible, sustentado en la autodeterminación y el respeto a los derechos de la gente.

Bolívar y su pensamiento fue una piedra de tranca para los intereses de los Estados Unidos de Norteamérica. Está demostrado en varios escritos, Simón Bolívar, en plena guerra contra España, demuestra un inmenso valor y dignidad patriota, al confrontar un mayúsculo problema con los Estados Unidos, sin aún tener asegurada totalmente la independencia de toda Venezuela, al enfrentar al agente de un gobierno que ya para la época era una potencia militar y económica.

El altercado fue que penetraron en el Río Orinoco las embarcaciones mercantes con banderas estadounidenses Tigre y Libertad. Al entrarse éstas naves en el Orinoco, son abordadas por tropas venezolanas para ser inspeccionadas y al revisarse los buques, se encuentran que están cargadas con armas, municiones y víveres destinados a tropas realistas, siendo éstas retenidas.

Después de la detención de los dos buques, el gobierno de los Estados Unidos envía para Venezuela, un agente para superar el impase. Al llegar a Venezuela, el agente comienza su trabajo y envía cartas a Bolívar, solicitando la liberación de las naves, por ser solo buques mercantes, sin relación alguna con el contrabando de armas al enemigo realista.

Bolívar, epistolarmente se enfrenta con el agente estadounidense John Baptist Irvine y contesta sus demandas; hubo un intercambio de correspondencia en las que el agente norteamericano trata de amedrentar e intimidar al Libertador, el cual al final pierde la paciencia y le responde el 7 de octubre de 1818: “Parece que el intento de usted es forzarme a que alterne los insultos: No lo haré; pero si protesto a usted, que no permitiré se ultraje ni desprecie al gobierno y los derechos de Venezuela. Defendiéndolos contra la España ha desaparecido una gran parte de nuestra populación y el resto que queda ansía por merecer igual suerte. Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra el mundo entero, si todo el mundo la ofende” Y por último, ante una solapada amenaza de Irvine, le responde el 12 de octubre: “El valor y la habilidad, señor Agente, suplen con ventaja al número. ¡Infelices los hombres si estas virtudes morales no equilibrasen y aún superasen las físicas! El amo del reino más poblado sería bien pronto señor de toda la tierra. Por fortuna se ha visto con frecuencia a un puñado de hombres libres vencer a imperios poderosos”.

En otra ocasión escribe: "Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad". (Carta del Libertador Simón Bolívar al coronel Patricio Campbell, fechada en Guayaquil, el 5 de agosto de 1829).

Posteriormente, en 1904, a raíz del bloqueo naval de Venezuela por potencias europeas a comienzos del siglo XX, Estados Unidos afirmó su doctrina Monroe y el presidente Theodore Roosevelt emitió el Corolario de 1904 (Corolario Roosevelt). Esta nueva era trajo un impulso colonialista por parte de los EE.UU, quienes reafirmaron la doctrina Monroe, con el Corolario Roosevelt de 1904 para la interpretación de la doctrina Monroe. Es decir, la política del Gran Garrote o Big Stick. La expresión es del presidente de Estados Unidos, tomada de un proverbio africano: "habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos" (speak softly and carry a big stick, you will go far).
 
En el corolario se afirma que si un país latinoamericano y del Caribe situado bajo la influencia de EE.UU. amenazaba o ponía en peligro los derechos o propiedades de ciudadanos o empresas estadounidenses, el Gobierno de EE. UU estaba obligado a intervenir en los asuntos internos del país "desquiciado" para reordenarlo, restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanía y sus empresas. Bajo la política del Gran Garrote se legitimó el uso de la fuerza como medio para defender los intereses en el sentido más amplio de los EE.UU., lo que ha resultado en numerosas intervenciones políticas y militares en todo el continente

El Gran Garrote también se refiere a las intervenciones estadounidenses ocasionadas por la “discapacidad” de los Gobiernos locales de resolver asuntos internos desde el punto de vista del Gobierno de Estados Unidos, y protegiendo los intereses de ciudadanos y entidades estadounidenses. En tal sentido, Roosevelt postulaba que los desórdenes internos de las repúblicas latinoamericanas constituían un problema para el funcionamiento de las compañías comerciales estadounidenses establecidas en dichos países, y que en consecuencia los Estados Unidos debían atribuirse la potestad de “restablecer el orden”, primero presionando a los caudillos locales con las ventajas que representaba gozar del apoyo político y económico de Washington (“hablar de manera suave”), y finalmente recurriendo a la intervención armada (el Gran Garrote), en caso de no obtener resultados favorables a sus intereses militares.

Cualquier parecido con la actualidad no es mera coincidencia, sino coherencia en la actuación persistente de una imperial potencia por tratar de establecer su hegemónica presencia. Pero ni con todos sus planes, doctrinas, conspiraciones ni maquinaciones ha podido con la doctrina del Bolivarianismo, que tan solo se ha fortalecido con el chavismo, que sintetiza el cristianismo y el bolivarianismo.

Actualmente existe una confrontación mundial que tiene como epicentro el continente americano. Por una parte están los Estados Unidos de Norteamérica como punta de lanza con una visión centrada en la dominación a través del sistema capitalista y su fase superior: el imperialismo, el cual se sustenta en el materialismo, el consumismo y la devastación de la naturaleza, sin importar al ser humano, ni el medio ambiente. Por otra parte está la República Bolivariana de Venezuela, al norte de América del Sur con una visión centrada en el socialismo, doctrina socioeconómica y política basada en la filantropía y el ecosocialismo.

La pugna concentra una serie de doctrinas que van, según mi postura, desde lo terrenal hasta lo espiritual, es la contradicción histórica de dos modelos antagónicos que siempre han evolucionado en sentido contrarios, uno va, según mi postura como ya dije, a la perdición y otro a la salvación. ¿Por qué? Sencillo, el capitalismo es depredador y por lo tanto es la autodestrucción del planeta, mientras que el socialismo busca el equilibrio con la naturaleza, la preservación de la especie y por ende, de la vida humana en el planeta, tal como está concebido en el quinto Objetivo Histórico del Plan Socialista de la Nación o Plan de la Patria hecho por el Cmdte Hugo Rafael Chávez Frías el 2012. El socialismo practica el cristianismo; el capitalismo practica el darwinismo.

 
Las contradicciones entre el Monroísmo y el Bolivarianismo se pueden ver, incluso, en los escudos: el de EE.UU tiene un Águila calva (ave de rapiña devoradora de carne) con unas flechas en una de sus garras que representa la guerra y la rapiña (rapiñar es igual que saquear o robar) mientras que nuestro escudo tiene un Caballo blanco corriendo libre que representa la libertad y la autodeterminación.

Adicionalmente, el único país del mundo que ostenta, además del escudo de armas, la bandera nacional, el himno nacional, como símbolos patrios, un sello el cual denominan el Gran Sello, es EE.UU, que tiene en el anverso el águila del escudo y en el reverso una pirámide truncada que está dentro de un circulo y en la cúspide tiene una gloria, dentro de la cual tiene un ojo, que según, es el ojo de Dios que todo lo ve. Nada más alejado de la realidad que eso. Lo que realmente representa ese sello es el Nuevo Orden Mundial establecido por los Iluminatis (una sociedad secreta fundada en 1776 con el fin de promover ideas de la Ilustración, el mismo año de la fundación de Estados Unidos de Norteamérica). De hecho, alrededor del Gran Sello de Los EE.UU está inscrito en latín el lema "Novus Ordo Seclorum" ("Nuevo Orden de los Siglos") el cual aparece también en el reverso de los billetes de dólar estadounidenses.

La expresión Nuevo Orden Mundial se ha usado para referirse a un nuevo período de la historia y se pretende, de este modo, que hay pruebas de cambios drásticos en las ideologías políticas y en el equilibrio de poderes. El primer uso de esta expresión aparece en el documento de los Catorce Puntos del presidente de Estados Unidos Woodrow Wilson, que hace una llamada, después de la Primera Guerra Mundial, para la creación de la Sociedad de las Naciones, antecesora de la Organización de las Naciones Unidas. En la actualidad hay una sociedad ya no tan secreta que es la que trata de establecer ese nuevo orden Mundial, es el Grupo Bilderberg, cuyo mayores representantes son los grupos financieros mundiales y sus dueños: The Vanguard Group y BlackRock.

En ese orden de ideas, podemos notar con preocupación cómo los Estados Unidos de Norteamérica han alienado, a través de sus medios de comunicación, cadenas televisivas y grupos financieros, al mundo entero, pero el Cmdte Chávez y la Revolución Bolivariana le ha quitado la careta ante el mundo. La famosa frase de Chávez: “Aquí huele a azufre”, ha hecho mella, les duele y quieren venganza.

Los pueblos no alienado por ellos se han dado cuenta como han dominado a los estados nación a través de sus instrumentos financieros de dominación y despojo como los acuerdos de Bretton Woods (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional) de 1944, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), también llamado Tratado de Río, que es un pacto de defensa mutua interamericano firmado el 2 de septiembre de 1947 en Río de Janeiro, entre otros. Todo un engaño para establecer su hegemonía y dominación. Si el anticristo bíblico es una nación no hay duda que es EE.UU, porque reúne todas las características descritas en la Biblia; ese es realmente su Destino Manifiesto: "Plagar al mundo entero de miseria a nombre de la libertad".


"Dios concede la victoria a la constancia". Simón Bolívar, Manifiesto de Carupano, 7 de septiembre de 1814.


¡Bolivarianismo Siempre… Monroísmo Nunca!         ¡Viviremos y Venceremos por Siempre!